viernes, 16 de agosto de 2013

ESPEJO DEL MAR

Completamente subyugados nos deja el paisaje (interior) de Almería. Paisaje montañoso, árido, inmenso, apabullante y apocalíptico, pero en ningún momento manifiestamente "natural", más que nada por los abundantes invernaderos (el llamado "mar de plástico"). De ahí que, a ratos, nos hayamos acordado de una novela que leímos no hace mucho, La zona, que adopta este entorno, el de Almería y sus invernaderos, como escenario para la plaga, la infección y la amenaza biológica zombi. Es curioso como, si bien la realidad impresiona, la literatura puede, cual espejo, sobredimensionarla e incluso, como es el caso, moralizarla (aunque en sí la literatura también sea realidad, y el desierto de lo real, al fin y al cabo, mito). En todo caso, se la recomiendo, redundantemente, a todo aquel que se la quiera leer.


Desolados y subyugados también, pero por otros motivos no completamente diferentes, nos deja Fort Bravo, escenario impostado de infinidad de películas (westerns en su inmensa mayoría, como las de Sergio Leone, no lo olvidemos) y "soberano" y específico de alguna otra, como 800 balas, de Alex de la Iglesia, que lo eleva y sublima dándole categoría dramática propia. Desolados, decimos, por esa mezcla heterogénea e inestable de entusiasmo y desgana, autenticidad e inautenticidad. Escenario "artificial" a la par desangelado y entrañable, en el que se respira un aire absoluto de decadencia (reconocida y consciente, pero no sabemos si resignada). Hay que ir, eso sí. Es (casi) deber.

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